Se nos ha enseñado que para crear una civilización, hay que dibujar fronteras. Líneas imaginarias que protegen, pero también dividen. Aunque a veces sean literalmente muros. Las barreras físicas se han utilizado con diversos fines a lo largo del tiempo, pero recientemente se han popularizado aquellas que buscan impedir la migración internacional con fines económicos y de seguridad. Esta medida por supuesto ha traído consigo consecuencias sociales muy negativas, siendo los más afectados los grupos humanos vulnerables y el propio ecosistema del territorio.

Ya desde el año pasado, la ONU afirmó que en unos años serán millones los migrantes que se trasladarán a causa del cambio climático; básicamente que todos podríamos ser migrantes en algún momento debido a condiciones extremas del territorio. La idea de “resolver” problemas con muros entonces, no tendría sentido. 

El caso del muro entre México y Estados Unidos es, en palabras de muchos, una de las barreras más importantes de nuestros tiempos. Numerosos proyectos sociales y artísticos han intentado abrir nuestra mente, pero sobre todo la de los tomadores de desiciones, para caer en cuenta de que los muros están lejos de la solución al flujo de migrantes, y muy cerca de sembrar problemas sociales aún más graves. 

El mural de la hermandad 

En los últimos 2 años, el artista mexicano Enrique Chiu ha logrado reunir a casi 4,000 voluntarios en la frontera de Estados Unidos y México para pintar un mural colectivo. Chiu, nacido en Guadalajara, Jalisco pero radicado en Tijuana, tiene una trayectoria de varios años en la creación murales. En Tijuana es líder del centro cultural Casa del Túnel, una institución de promoción artística dirigido principalmente jóvenes. Ahí nació la idea de darle vida y color a una de las áreas más desoladas y grises de la frontera, y de convertirlo en un increíble Mural de la hermandad.

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Lo que inicialmente era un programa pedagógico aprobado por el estado, hoy se convirtió en un ejemplo de resiliencia y activismo contemporáneo. Todos los días al despertar, lo primero que veía desde su ventana era un muro gris; hoy, miles de personas lo cubrieron de azul, para que así parezca que el cielo nunca se divide. 

Chiu comenzó el proyecto el día de las elecciones en 2016, y una vez completado, el “Mural de la Hermandad” abarcará una milla de la frontera de México, en Tijuana. También se crearán segmentos más cortos en otras regiones para conectar el proyecto al extremo sur de la frontera. La amplia gama de estilos, que incluye frases escritas y narraciones más ilustrativas, refleja la diversidad de quienes han trabajado junto a Chiu para completar este precioso mural:

Los murales transmiten mensajes de paz a las personas que cruzan la frontera en auto o a pie… tienen la intención de ser una última visión de la esperanza de los migrantes que corren peligro al cruzar hacia el norte.

Explica el autor.

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Un documental recientemente publicado por Alejandro Arguelles Benítez sigue el proyecto de cerca. Puedes ver el tráiler aquí

Fuente
Asuntos Verdes